domingo, 29 de septiembre de 2013

Parte Uno - Primer Capitulo: Zia

La novela está escrito en dos perspectivas: Zia y Demet. Al comienzo de cada capítulo especificaré quién es el narrador.

Capítulo I —  Narrador: Zia

No es normal que una persona muera a los dieciséis años de un paro cardiaco. No soy médico pero esto es realmente patético. ¿Mala salud? ¿Problemas del corazón? ¿Hospitalizado por un mes? ¿Recaídas? Mentiras.
Esas son sólo mentiras.
Lo que me parece aún más ridículo es que lo traten de ocultar. Pueden mentir al resto pero a mí, no. Comprendo que quieran mantener su imagen, sin embargo, ya deberían saber que tratar de convencerme no va a ser cosa fácil.
En todo caso, fuera de rodeos y divagaciones, lo dejaré bien en claro: mi hermano está muerto y un paro cardíaco no fue lo que lo mató.
— ¿Su majestad? ¿Se encuentra bien?
Asiento.
—Debe ser muy difícil aceptar la muerte del príncipe—dice tratando de ser simpática conmigo.
Apago el televisor.
Ese reportaje mostrando el funeral de esta mañana me enferma. No culpo a los periodistas, pues es su deber cubrir los eventos importantes, especialmente si se trata de la muerte del príncipe sucesor.  Lo que me desagrada es que los miembros de la corte real lloren a lágrima viva, como si realmente sintieran tristeza.
— ¿Conociste a mi hermano?—le pregunto a  la sirvienta.
—No, su majestad.
—Yo tampoco—esbozo una sonrisa sarcástica.
— ¿Disculpe? Creo que no escuché bien.
—Lo siento, estoy empezando a hablar tonterías—digo—. Puedes retirarte, quiero estar a solas.
Es extraño. La mayoría de personas deberían llorar en el funeral de un familiar, mucho más si es alguien tan cercano como tu hermano. Se suponía que debía ser yo quién se aferrara al ataúd con fuerza y no dejara que lo enterraran.
No lo hice. No lloré.
Muchas personas dicen que fue un gran hombre y que pudo haber sido un gran rey; sin embargo, no puedo confirmar o  negar eso. Aunque fuéramos hijos de los mismos padres, siempre fuimos dos extraños.
No fue su culpa. Nacimos como gemelos, sin embargo, también lo hicimos como príncipe y princesa. Zaeric, al ser tres minutos mayor, consiguió ser el sucesor del reino. Ser hombre o mujer no tiene ninguna distinción, Raín es un país donde la magia que posees te da el título que mereces.  Teniendo las mismas habilidades, él fue quien consiguió la corona.
La misma ley de Raín que dicta que el título se rige por la magia, dice también que los miembros de la familia real deben vivir separados. Al tener el mismo poder, se crearía un conflicto si conviviéramos. Debido a esa razón, el príncipe Zaeric vive en el palacio mientras que yo vivo en una mansión alejada de la ciudad.
—Aria—digo.
Los ojos verdes de mi gata me miran pidiendo una caricia. La complazco. Me acerco y sacudo el pelaje de su cabeza a la vez que ella maúlla y se revuelve. Aria, mi felina compañera, mueve sus patas delanteras y sus garras, minuciosamente cortadas, rozan mi mano. Me recuerda la primera vez que la vi junto con Naria, su hermana.  Fue un regalo de cumpleaños, el de mi hermano mayor para ser exactos.
Ese día fue la única vez que lo vi fuera de un compromiso oficial de la realeza. Fueron quince minutos antes que su recargada agenda lo hiciera retirarse al palacio.
—Aria, ¿recuerdas a Zaeric?—digo melancólicamente.
Se acurruca en mi falda y la miro detenidamente, siempre me han gustado sus ojos gatunos.
—Creo que algo malo está pasando—le digo casi en un susurro.
Quizá esa conexión natural entre gemelos es la que me está diciendo que no murió de un paro cardiaco o de repente es ese instinto detectivesco innato que poseo. No importa si es cualquiera de la dos, lo que realmente necesito es hallar al culpable.
¿La razón?
Porque soy su hermana. Aunque desconozco el significado de convivir juntos, entiendo muy bien lo que significa estar unidos por la sangre.
Es mi deber encontrar a la persona que causó la muerte de Zaeric; no obstante, es un trabajo difícil. Sospecho de los nobles, del secretario real, del asistente personal, de todos. Una de las cosas que aprendes al ser parte de la familia real es que nadie es de fiar.
Alguien toca la puerta, segundos después del segundo golpecito, Vitta Vrealit aparece en medio de mi habitación con una enorme sonrisa en el rostro.
—Te dije que no entraras de esa manera—me pongo de pie y mi gata salta a un costado en busca de Vitta.
—¿Qué hay de malo con esto?—se encoge de hombros.
—La invasión de mi privacidad—respondo con cara de pocos amigos.
Hay una persona que he conocido desde siempre y ése es Vitta. Recuerdo que lo vi por primera vez en la fiesta de un noble, ese mismo día me lo presentaron como mi prometido. Como princesa, muchas cosas se han decidido antes que yo naciera y una de ellas es que él sea la persona con quien voy a pasar el resto de mi vida. En un mundo en donde no puedo ni escoger la ropa que debo ponerme,  me siento agradecida que una persona como él sea mi prometido.
—¿Tienes algún secreto que yo no sepa?—dice con una sonrisa burlona.
—No.
—Entonces, no veo el problema—se pone en cuclillas y acaricia la barbilla de Aria—. Vamos a estar casados pronto y se supone que no debemos esconder nada entre nosotros.
—Sobre eso…
— ¿Qué pasa?—levanta su mirada hacia mí.
—El consejo ha decidido que pospongamos nuestra boda.
— ¿Es por la muerte de tu hermano?
—No, exactamente.
—Entonces, ¿por qué?
—Estás viendo a la nueva reina.
— ¿Qué?—pregunta sorprendido.
—Soy la segunda heredera, las responsabilidades de mi hermano como sucesor al trono se transfieren a mí. A partir de mañana debo empezar a vivir en el palacio—explico.
—Eso es algo bueno… —sonríe.
Debido a que el rey, mi padre, ha muerto hace dos meses; se suponía que Zaeric debía estar aceptando el cargo este mes. Mi madre, aunque está viva, no puede aceptar el cargo ya que no posee el mismo poder mágico que nosotros tres. El consejo me lo ha dicho esta mañana: Mi coronación será en la última semana de este mes.
Honestamente, no estoy sorprendida. Nunca pensé en ser monarca porque siempre me imaginé que ese puesto sería llenado por mi hermano. No estoy segura que sea la persona indicada, sin embargo, si lo soy o no, no importa mucho en este sitio.
—Reina Aldazia Constantina Villadelvalle del Reino de Raín y las Islas Akim, ¿suena bien?—pregunta Vitta.
Esbozo una sonrisa.
—Suena muy largo…—digo mientras me acerco a él.
—A mí me gusta—dice acortando aún más nuestra distancia.
— ¿Mi nombre? —pregunto—. Prefiero que me digan Zia, Aldazia parece nombre de abuela.
—No importa, Aldazia o Zia… Me gustas tú—dice y me planta un beso en los labios.
Escucho a alguien aclarándose la garganta, me alejo de Vitta y trato de no hacer muy evidente el brillante color rojo de mi rostro.
—Princesa, el primer ministro la está esperando—dice Anria tratando de no mirarme directamente.
—Anria, tienes una habilidad para entrar en los momentos más oportunos—espeta Vitta con sarcasmo.
—Lo siento, señor Vraelit pero no tuve opción…
Anria, mi asistenta y mi mejor amiga. La única persona en la que realmente puedo confiar.
—Eres tú quien es el inoportuno—sonrío y me acerco para besarlo en la mejilla—. Te veré pronto.

Me arreglo el vestido y sigo a Anria por el pasillo. El primer ministro debe haber venido para discutir los asuntos relacionados a la sucesión del trono. Es un secreto pero ser reina me tiene sin cuidado…

No hay comentarios:

Publicar un comentario