La novela está escrito en dos perspectivas: Zia y Demet. Al comienzo de cada capítulo especificaré quién es el narrador.
Capítulo I — Narrador: Zia
Capítulo I — Narrador: Zia
No es normal que una
persona muera a los dieciséis años de un paro cardiaco. No soy médico pero esto
es realmente patético. ¿Mala salud? ¿Problemas del corazón? ¿Hospitalizado por
un mes? ¿Recaídas? Mentiras.
Esas son sólo mentiras.
Lo que me parece aún más
ridículo es que lo traten de ocultar. Pueden mentir al resto pero a mí, no.
Comprendo que quieran mantener su imagen, sin embargo, ya deberían saber que
tratar de convencerme no va a ser cosa fácil.
En todo caso, fuera de
rodeos y divagaciones, lo dejaré bien en claro: mi hermano está muerto y un
paro cardíaco no fue lo que lo mató.
Asiento.
—Debe ser muy difícil
aceptar la muerte del príncipe—dice tratando de ser simpática conmigo.
Apago el televisor.
Ese reportaje mostrando
el funeral de esta mañana me enferma. No culpo a los periodistas, pues es su
deber cubrir los eventos importantes, especialmente si se trata de la muerte
del príncipe sucesor. Lo que me
desagrada es que los miembros de la corte real lloren a lágrima viva, como si
realmente sintieran tristeza.
— ¿Conociste a mi
hermano?—le pregunto a la sirvienta.
—No, su majestad.
—Yo tampoco—esbozo una
sonrisa sarcástica.
— ¿Disculpe? Creo que no
escuché bien.
—Lo siento, estoy
empezando a hablar tonterías—digo—. Puedes retirarte, quiero estar a solas.
Es extraño. La mayoría
de personas deberían llorar en el funeral de un familiar, mucho más si es
alguien tan cercano como tu hermano. Se suponía que debía ser yo quién se
aferrara al ataúd con fuerza y no dejara que lo enterraran.
No lo hice. No lloré.
Muchas personas dicen
que fue un gran hombre y que pudo haber sido un gran rey; sin embargo, no puedo
confirmar o negar eso. Aunque fuéramos
hijos de los mismos padres, siempre fuimos dos extraños.
No fue su culpa. Nacimos
como gemelos, sin embargo, también lo hicimos como príncipe y princesa. Zaeric,
al ser tres minutos mayor, consiguió ser el sucesor del reino. Ser hombre o
mujer no tiene ninguna distinción, Raín es un país donde la magia que posees te
da el título que mereces. Teniendo las
mismas habilidades, él fue quien consiguió la corona.
La misma ley de Raín que
dicta que el título se rige por la magia, dice también que los miembros de la familia
real deben vivir separados. Al tener el mismo poder, se crearía un conflicto si
conviviéramos. Debido a esa razón, el príncipe Zaeric vive en el palacio
mientras que yo vivo en una mansión alejada de la ciudad.
—Aria—digo.
Los ojos verdes de mi
gata me miran pidiendo una caricia. La complazco. Me acerco y sacudo el pelaje
de su cabeza a la vez que ella maúlla y se revuelve. Aria, mi felina compañera,
mueve sus patas delanteras y sus garras, minuciosamente cortadas, rozan mi
mano. Me recuerda la primera vez que la vi junto con Naria, su hermana. Fue un regalo de cumpleaños, el de mi hermano
mayor para ser exactos.
Ese día fue la única vez
que lo vi fuera de un compromiso oficial de la realeza. Fueron quince minutos
antes que su recargada agenda lo hiciera retirarse al palacio.
—Aria, ¿recuerdas a Zaeric?—digo
melancólicamente.
Se acurruca en mi falda
y la miro detenidamente, siempre me han gustado sus ojos gatunos.
—Creo que algo malo está
pasando—le digo casi en un susurro.
Quizá esa conexión
natural entre gemelos es la que me está diciendo que no murió de un paro
cardiaco o de repente es ese instinto detectivesco innato que poseo. No importa
si es cualquiera de la dos, lo que realmente necesito es hallar al culpable.
¿La razón?
Porque soy su hermana.
Aunque desconozco el significado de convivir juntos, entiendo muy bien lo que
significa estar unidos por la sangre.
Es mi deber encontrar a
la persona que causó la muerte de Zaeric; no obstante, es un trabajo difícil. Sospecho
de los nobles, del secretario real, del asistente personal, de todos. Una de
las cosas que aprendes al ser parte de la familia real es que nadie es de fiar.
Alguien toca la puerta,
segundos después del segundo golpecito, Vitta Vrealit aparece en medio de mi
habitación con una enorme sonrisa en el rostro.
—Te dije que no entraras
de esa manera—me pongo de pie y mi gata salta a un costado en busca de Vitta.
—¿Qué hay de malo con
esto?—se encoge de hombros.
—La invasión de mi
privacidad—respondo con cara de pocos amigos.
Hay una persona que he
conocido desde siempre y ése es Vitta. Recuerdo que lo vi por primera vez en la
fiesta de un noble, ese mismo día me lo presentaron como mi prometido. Como
princesa, muchas cosas se han decidido antes que yo naciera y una de ellas es
que él sea la persona con quien voy a pasar el resto de mi vida. En un mundo en
donde no puedo ni escoger la ropa que debo ponerme, me siento agradecida que una persona como él
sea mi prometido.
—¿Tienes algún secreto
que yo no sepa?—dice con una sonrisa burlona.
—No.
—Entonces, no veo el
problema—se pone en cuclillas y acaricia la barbilla de Aria—. Vamos a estar
casados pronto y se supone que no debemos esconder nada entre nosotros.
—Sobre eso…
— ¿Qué pasa?—levanta su
mirada hacia mí.
—El consejo ha decidido
que pospongamos nuestra boda.
— ¿Es por la muerte de
tu hermano?
—No, exactamente.
—Entonces, ¿por qué?
—Estás viendo a la nueva
reina.
— ¿Qué?—pregunta
sorprendido.
—Soy la segunda
heredera, las responsabilidades de mi hermano como sucesor al trono se
transfieren a mí. A partir de mañana debo empezar a vivir en el palacio—explico.
—Eso es algo bueno… —sonríe.
Debido a que el rey, mi
padre, ha muerto hace dos meses; se suponía que Zaeric debía estar aceptando el
cargo este mes. Mi madre, aunque está viva, no puede aceptar el cargo ya que no
posee el mismo poder mágico que nosotros tres. El consejo me lo ha dicho esta
mañana: Mi coronación será en la última semana de este mes.
Honestamente, no estoy
sorprendida. Nunca pensé en ser monarca porque siempre me imaginé que ese
puesto sería llenado por mi hermano. No estoy segura que sea la persona
indicada, sin embargo, si lo soy o no, no importa mucho en este sitio.
—Reina Aldazia
Constantina Villadelvalle del Reino de Raín y las Islas Akim, ¿suena bien?—pregunta
Vitta.
Esbozo una sonrisa.
—Suena muy largo…—digo
mientras me acerco a él.
—A mí me gusta—dice
acortando aún más nuestra distancia.
— ¿Mi nombre? —pregunto—.
Prefiero que me digan Zia, Aldazia parece nombre de abuela.
—No importa, Aldazia o
Zia… Me gustas tú—dice y me planta un beso en los labios.
Escucho a alguien aclarándose
la garganta, me alejo de Vitta y trato de no hacer muy evidente el brillante
color rojo de mi rostro.
—Princesa, el primer
ministro la está esperando—dice Anria tratando de no mirarme directamente.
—Anria, tienes una
habilidad para entrar en los momentos más oportunos—espeta Vitta con sarcasmo.
—Lo siento, señor
Vraelit pero no tuve opción…
Anria, mi asistenta y mi
mejor amiga. La única persona en la que realmente puedo confiar.
—Eres tú quien es el
inoportuno—sonrío y me acerco para besarlo en la mejilla—. Te veré pronto.
Me arreglo el vestido y
sigo a Anria por el pasillo. El primer ministro debe haber venido para discutir
los asuntos relacionados a la sucesión del trono. Es un secreto pero ser reina
me tiene sin cuidado…
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